Mojito

El acontecimiento es universal y despierta opiniones o humores de toda índole. Los escépticos dicen que la visita a Cuba del presidente norteamericano solo es marketing político. Apuntan a su conversación con Panfilo; al Que bola de su tuiter con estilo cubano y a mostrarse con un mojito.

“Un espectáculo de mal gusto” desbarra Ted Cruz, frustrado en su precandidatura republicana por un adversario de su propio partido: Donald Trump. Su “éxito” en la campaña para representar a los de su bando en las presidenciales mantiene en vilo hasta a la cúpula de los republicanos porque lo de Trump  Sí que aflora una demostración pavorosa cada vez que gana un voto.

Con semejante contexto, Obama valora la visita  solo como un paso de los muchos que habría que dar en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En eso hasta coincide  con las autoridades cubanas: si este encuentro en la isla casi ha durado un siglo, se impone acoger el gesto sin fanfarreas poco realistas. El embargo económico a las transacciones comerciales con la isla es solo un ejemplo de la imposición que sigue pesando como una losa sobre los cubanos.

Así las cosas, tras el paseo por el centro histórico de La Habana comienza hoy el intercambio con el presidente Raúl Castro, con el empresariado estatal y privado. Al atardecer Obama se dirigirá al pueblo cubano pero solo después de la avalancha mediática derivada de la novedad de esta visita, habrá que ver si en los meses que le quedan de mandato usara sus prerrogativas para eliminar escollos pendientes. Restan muchos pasos para entrever si el vuelo de tres horas realmente ha desandado la distancia de casi un siglo.

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