Esperanza Aguirre le cedería la alcaldía al PSOE con tal de que Manuela Carmena no gobierne. Lo ha reiterado en una conferencia de prensa tras la aparición del ofrecimiento en los medios con la negativa de Antonio Carmona, candidato del Partido Socialista al ayuntamiento de Madrid. Mientras la Aguirre quema sus últimos cartuchos, en Valencia, Baleares y Castilla León los llamados barones regionales del PP deciden su retirada y empujan hacia una renovación interna que llegue hasta Mariano Rajoy.
Sería el suicidio político del PSOE acceder a una propuesta envenenada que recuerda al “tamayazo”. Así se conoce la traición que protagonizaron los diputados socialistas Eduardo Tamayo y Teresa Sáez, que con su ausencia en la sesión constitutiva de la Asamblea de Madrid el 10 de junio de 2003 impidieron un Gobierno de izquierdas en la Comunidad de Madrid. Entonces y con las maneras de un pucherazo se lo entregaron a Esperanza Aguirre. Hoy la candidata recicla sus malas artes para hacerse con el poder. El posible pacto entre Ahora Madrid y el PSOE la deja fuera de la alcaldía y la sentara en la bancada de la oposición.
La campaña de Esperanza Aguirre mostro sin tapujos de lo que es capaz. Cargo contra la ya casi alcaldesa Manuela Carmena y hoy la ha acusado de querer utilizar la alcaldía para “romper el sistema democrático occidental tal y como lo conocemos”. A la par lanza dardos contra los “suyos” en su denuedo por llegar a la Moncloa. Desde sus filas se los devuelven al recordarle que sus resultados en las elecciones del domingo han sido malos y reflejan, de paso, la catarsis que comienza a dibujarse en la “fuerza mas votada” tras la salida de Rita Barbera, María Dolores de Cospedal y otros pesos pesados del partido gobernante.
En su última conferencia de prensa Esperanza Aguirre exhibe la desesperación ante la evidencia del poder perdido. Se le escapa por el hartazgo de buena parte de la sociedad con las tramas corruptas que la salpican; por su oportunismo y los desmanes exhibidos. Sería ingenuo pensar que está dispuesta a entregar la alcaldía por su amor a la democracia occidental. Su propósito no sería otro que corroer desde dentro y provocar un sisma capaz de catapultarla a las aspiraciones negadas en las urnas.

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