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Nos acercábamos a los 54 años. En enero de 1961 el gobierno de Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas y consulares con Cuba. Trece meses después George Kennedy decretó la Proclama Presidencial 3447 que impuso formalmente el bloqueo sobre el comercio entre ambos países. Transcurrirían mas de cinco décadas y 10 presidentes norteamericanos para que Barack Obama y Raúl Castro anunciaran formal y públicamente, en sus respectivos países,  la reciproca voluntad para el restablecimiento de sus vínculos.

Como símbolo de una nueva era la liberación e intercambio de presos. El regreso a la isla de tres  cubanos: Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández. Junto a René y Fernando González liberados con anterioridad formaban el aguerrido grupo de los cinco que levanto una oleada mundial de solidaridad para el fin de las alargadas condenas que impuso la hostilidad frente a la justicia. Alan Gross y otros detenidos en Cuba también están con los suyos.

“Cambiamos las relaciones con el pueblo cubano” es lo que dijo Obama desde la Casa Blanca al reconocer que el aislamiento no ha funcionado. En el Palacio de la Revolución  Raúl Castro resaltaba “los progresos alcanzados en los intercambios sostenidos demuestran que es posible encontrar solución a muchos problemas”. Dentro del escenario grupos conservadores insisten en obstaculizar cualquier arreglo. Se atrincheraran en sus púlpitos del congreso para intentar frenarlos con las manos alzadas en contra de leyes a derogar y no solo las que afectan a Cuba, como el bloqueo. También se oponen a las que permitirían una mejor vida  a millones de ilegales, en su mayoría latinoamericanos de origen, aunque como expreso Obama en correcto español “todos somos americanos”.

Cuando el mundo habla de una nueva era y celebra este paso como una de las mejores noticias en muchos años, el senador republicano por la Florida, Marco Rubio, se dispone a todo lo que este a su alcance para bloquear la normalización entre Cuba y Estados Unidos.  Entre los bloqueadores de siempre estan los congresistas Bob Menendez, Ileana Ross Lehtinen y Mario Diaz-Balart perplejos con la osadía de Obama, la complicidad del gobierno canadiense y la mediación del Papa Francisco quien sin poner un pie en la isla acrecienta su rol como estratega de las buenas causas.

Las medidas que alientan un giro histórico se alejan del bloqueo. EE UU reabrirá en los próximos meses su embajada en La Habana, facilitará los viajes a Cuba, se incrementarán el número de bienes y servicios que se pueden vender y exportar a Cuba, instituciones estadounidenses podrán abrir cuentas financieras en Cuba para facilitar el procesamiento de transacciones autorizadas. Entidades estadounidenses en un tercer país -es decir fuera de EE UU o Cuba- recibirán licencias para proveer servicios y efectuar transacciones financieras con individuos cubanos en terceros países.

Con esos pasos y cuanto puedan propiciar la continuidad de los intercambios de alto nivel en el futuro inmediato, las tentativas para frenarlos señalaran quienes son los retrógrados en esta voluntad consensuada y ampliamente celebrada ante la evidencia de lo que ha sido una política fracasada.

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