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La aplastante derrota sufrida por Estados Unidos en el seno de la Asamblea de la OEA que culminó aquí la víspera resultó el elemento más resaltante del evento de la políticamente maltrecha organización.

En realidad se puede decir con toda seguridad que la estructura regional ahora empeñada en los mayores esfuerzos por lograr alguna revitalización, no tenía previsto las dificultades a las cuales se enfrentaría en esta jornada en Paraguay. Primero fue el escandaloso debate solo porque Brasil presentó una resolución condenando todo tipo de discriminación por razones de género, color de la piel, situación económica o preferencia sexual.

Esto último generó una serie de expresiones homofóbicas hasta en el Congreso, pasando por movilizaciones impulsadas por la iglesia católica que aseguró se trataba de oficializar el aborto y el matrimonio igualitario y hasta una represión policíaca a los defensores de la propuesta.

Finalmente, a pesar de la indeseada perturbación desatada, la proposición fue aprobada con algunos votos de reserva, entre ellos los de Paraguay y Estados Unidos.

Pero después llegó el momento de debatir sobre la próxima Cumbre de las Américas señalada para el próximo año en Panamá y en la cual Washington quiere seguir imponiendo la exclusión de Cuba.

La reacción de los países de América Latina y el Caribe fue de respaldo a la isla antillana con los sólidos argumentos de que no aceptaran una nueva exclusión de ese tipo, algo advertido por varios de ellos desde la anterior cita del 2009 en Cartagena de Indias.

Fue imposible obtener apoyo para la posición estadounidense que sólo consiguió un breve y tibio respaldo canadiense, tal vez por el abrumador número de intervenciones de cancilleres y otros jefes de delegaciones, algunos de los cuales advirtieron su país no asistirá si Cuba no es invitada.

Javier Rodríguez Roque, Prensa Latina

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