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Una vocera del Departamento de Estado defiende el bloqueo norteamericano contra Cuba sin revelar su identidad. Así lo publica la agencia española EFE y diversos medios reproducen las declaraciones: “Creemos que el embargo proporciona un importante recurso para espolear más cambios positivos en la isla, así que vemos su continua aplicación como supeditada al ritmo y la naturaleza de esos cambios”. Es llamativo que una funcionaria del gobierno defienda una política oficial sin dar la cara; máxime cuando es una ley aprobada públicamente hace 52 años por el presidente John Fitzgerald Kennedy y renovada a manera de recrudecimiento por otras leyes:  la Torricelli, de George Bush (padre) y la Helms Burton, rubricada por Bill Clinton.

Se puede pensar que la portavoz de la administración norteamericana prefiere hablar de incógnito porque confunde una política arbitraria pero que tiene rango de ley con las tantas maniobras desestabilizadoras emprendidas por su gobierno desde las sombras. Espían las autoridades a tal nivel, en tales cantidades y sin eludir a amigos o socios que al final todo acaba por saberse con airada reacción internacional para vergüenza de la sociedad estadounidense.

 En el caso de Cuba a la Casa Blanca no le basta su pretensión de estrangular a toda una nación mediante prohibiciones gubernamentales que se vuelven contra los propios ciudadanos norteamericanos y terceros países. En su guerra de “baja”  intensidad utiliza a un listado de instituciones cuyas siglas son tristemente célebres: USAID, NED, NDI, ISI* y otras que conjuntamente con la artillería mediática amplifican a una selecta oposición interna, captada y orientada desde fuera con el abultado financiamiento de Washington para sus operaciones encubiertas.

La afición hacia el clandestinaje es tal que la propia funcionaria no identificada lo reconoce  “el embargo representa un sólo aspecto de la política de Estados Unidos hacia Cuba”. Consciente de que esa afirmación la desacredita se mantiene oculta. También porque estos han sido días de reacciones que vapulean la actitud de su gobierno hacia los cubanos. Varios senadores visitan la isla y califican de obsoleto el bloqueo; el exgobernador de Florida Charlie Crist expone que ha sido inútil y que en realidad aísla a los propios Estados Unidos. En ese clima trascienden la encuesta que revela que la mayoría de los estadounidenses favorecen la normalización de las relaciones con Cuba y la decisión de la Unión Europea. Los países de la región iniciarán negociaciones con las autoridades cubanas. El propósito es abandonar la Posición Común, una política discriminatoria cuya derogación significará dejar de ser un apéndice de la intensión injerencista que exhiben los Estados Unidos hacia Cuba.

Así es cuando aparece una portavoz designada para justificar el bloqueo norteamericano en medio de las críticas abiertas y del cambio en el posicionamiento. A sabiendas de que no será convincente se queda en el anonimato.

*USAID: United States Agency for International Development

NED: National Endowment for Democracy

NDI: National Democratic Institute

ISI: International Republican Institute

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