El diario ABC publica la respuesta del embajador cubano en España, Eugenio Martínez Enríquez a un editorial de ese periódico con el título “La Obscena Veneración al Castrismo” que arremete contra los presidentes latinoamericanos que participaron en la reciente Cumbre de la CELAC.

“ABC pierde la oportunidad de divulgar la verdadera noticia que significa una  Latinoamérica reunida sin tutela de nadie, en un ejemplar proceso de acercamiento de posiciones de cada país, aún con las inevitables diferencias, pero que propician la unidad dentro de las naciones latinoamericanas y caribeñas”, valora el diplomático cubano.

En su respuesta Martínez Enríquez añade: “Dice verdad al referir que la paciencia de Cuba obtiene resultados. Pero pudo haber dicho resistencia en lugar de paciencia, para identificar cómo Cuba ha alcanzado resultados a pesar de agresiones y  hostilidad de grandes potencias”.

“Los dirigentes que han estado estos días en La Habana representan a sus pueblos y saben que han hecho historia al sentarse como hermanos y firmar un documento que compromete a nuestras naciones a no usar la fuerza o la amenaza de la fuerza para resolver nuestras diferencias. Esa es la noticia, estimado director. Ayude a sus lectores a conocerla”, concluye la respuesta a ABC que el pasado 31 de enero publicó:

LA OBSCENA VENERACIÓN AL CASTRISMO (EDITORIAL)

De todos los mandatarios iberoamericanos reunidos en La Habana en la conferencia de la Celac, solo hubo uno, el presidente saliente de Chile, Sebastián Piñera, que tuvo el arrojo y la dignidad de dedicar un momento a recibir a representantes de la oposición democrática a la dictadura castrista.

La mayoría –funcionarios de Costa Rica también hicieron un gesto simbólico– optó por ignorarlos, mientras que los más significados prefirieron ir a fotografiarse con el fundador de un régimen que lleva más de medio siglo aplastando la voluntad de los cubanos.

Por alguna extraña razón (y con la ayuda de oportunistas apretones de manos), la paciencia de la dictadura obtiene siempre resultados y hasta en la Unión Europea se ha abierto paso la idea de que es mejor hablar con un régimen del que se sabe pertinentemente que ignorará con una voluntad pétrea cualquier sugerencia de que respete los derechos humanos, que con los heroicos defensores de la libertad y la democracia.

Los dirigentes que han estado estos días en La Habana confraternizando con la dictadura deben tener presente que el día que los cubanos alcancen la libertad les recordarán que no estuvieron a la altura.

Probablemente, tienen razón quienes creen que en cualquier caso el castrismo no va a cambiar mientras vivan los dos hermanos; pero tampoco puede continuar sin la complicidad activa de los dirigentes que han estado en La Habana sin tener siquiera un pensamiento compasivo por el pueblo cubano.

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