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Los agoreros acentuaron que sería otra sigla de las causas perdidas. Insisten en que la integración ha sido una quimera en el continente de las diversidades. Los menos sombríos callan; indiferentes y escépticos observadores tras las bambalinas del teatro de los intereses.

Quienes persiguen la utopía de la patria grande retomaron el cauce de los libertadores y fundaron en 2011 la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Pesimistas y apáticos recelan porque los soñadores siguen cohesionando voluntades sin participación de las potencias del norte en estos asuntos del sur. Han quedado fuera del consenso de 33 naciones con 570 millones de habitantes.

En pocos días su II Cumbre será en Cuba, la más diferente de las islas por sus décadas de empeños. Ante el espaldarazo regional, articulistas y voceros de las campañas anticubanas promueven su rencor sin resultado. Presidentes y comitivas anuncian su presencia. Exhiben el compromiso hacia un nuevo derrotero fundado en Caracas y que los reúne nuevamente en La Habana.

Con voluntad política avanzan los proyectos que regalan salud a los enfermos, luz a los ciegos y escolarización a los analfabetos. Ahora que la corriente contraria campea en occidente quienes se preparan para coincidir en Cuba atraen el recelo de los gestores del orden establecido. Aun así acudirán al encuentro y abrazarán a Raúl sabiendo que también abrazan a Fidel, el  más señalado por su consagración a cultivar la inteligencia de los pueblos.

Todos esos señores bajo sospecha desde que se convirtieron en solidarios conspirarán a los cuatro vientos a favor de la equidad, de la inclusión social y del desarrollo sostenible. Analizarán la propuesta cubana para que se proclame a la América Latina y el Caribe como Zona de Paz. Por todo ello, en ciertos círculos, serán vilipendiados.

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