Solo ha sido un suspiro de los tiempos convulsos. Este año comenzó como terminó el otro, con pérdidas sensibles. El paréntesis navideño no devuelve las esperanzas, mucho menos la confianza. Subió la luz, subirá el gas. Los españoles que buscan suerte en otros países perderán su derecho a la atención sanitaria si se ausentan más de tres meses del país donde nacieron. Es lo último de la arremetida antisocial premeditada, a favor de la concentración del poder en los segmentos que se han enriquecido con la crisis. Los demás empobrecen y a la par son sometidos por un entramado de regulaciones que les sorprende cuando aparecen con carácter irremediable en el Boletín Oficial del Estado.

El gobierno se desentiende del consenso y el ciudadano se resiente. Empieza por preguntarse qué hacer contra el mundo que les ha caído encima también con la intensión de paralizarlos de pavor.  Los esfuerzos por conseguirlo explica el pasmo de las autoridades ante el levantamiento popular de la noche a la mañana en una localidad burgalesa. Sucede en Gamonal. Los titulares internacionales la sitúan en el mapa de los acontecimientos, de la repulsa ciudadana contra la decisión de utilizar sus contribuciones en la construcción de un bulevar plagado de intereses sin aclaración convincente. Los vecinos reivindican necesidades prioritarias y el alcalde suspende las obras. Ha sembrado tantas sospechas que la protesta continúa. No le creen.

Desconfían ellos y otros miles de españoles. Muchos ya no son clase media porque junto al paro del 26,7% lo que más se ha disparado es la desigualdad. Crecen los ricos: crecen los pobres. El entusiasmo de la mala política cosecha incredulidad. Los pronósticos triunfales no proveen empleo, ni paralizan los desahucios, ni la equidad de oportunidades.

Este 2014 arrastra el ambiente enrarecido de la España en crisis económica, sumida en los escándalos de corrupción pero que aspira a descontaminarse con las reivindicaciones de sus plataformas sociales. Las mareas depurando, barriendo suciedades, rompiendo la inercia de los solitarios en sus sillones y procurando el cambio. Devolviéndole a las bases lo que las cumbres derogan.

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