Us Navy

Para invasiones la Casa Blanca.  En Cuba, 52 años atrás “…los héroes, armados hasta los dientes, apoyados por barcos y aviones, se rindieron sin pelear”, ha escrito Eduardo Galeano. Ahora “intervienen” con artificios múltiples; desde lejos o desde la media distancia, pero reconocibles por las intenciones: la insaciable apetencia de amaestrar voluntades descontroladas, salidas de su égida. No hay que viajar muy lejos. Ni en la historia, ni en la geografía. Lo quieren hacer en Venezuela después de lograrlo en Honduras o en Paraguay. Buscan y cuando encuentran, se ocupan.  

Disimuló el establishment norteamericano ante aquellos golpistas hondureños que enviaron a Costa Rica, de madrugada, en pijama y a punta de fusiles, al presidente José Manuel Zelaya.  Aterrizó allí encañonado y con lo puesto. En América Latina y el Caribe denunciaron el clamoroso golpe de estado del siglo XXI. Washington secundó la maniobra militarista camuflada como “sucesión institucional”. Fue públicamente ambiguo pero  comulgó con los del zarpazo. Negoció con ellos y consintieron.  Zelaya no volvió a la presidencia.

En Paraguay,  Federico Franco se prestó para el desalojo del presidente Fernando Lugo. Lo desahuciaron en aquél juicio rápido trasnochado pero lo cocinaron antes, fuera de las instituciones democráticas paraguayas. Papeles de Wikileaks documentan las conversaciones  de Franco con gente de la embajada norteamericana en Asunción, urdiendo un complot continuado hasta doblegar con ciertas maneras la voluntad paraguaya y volver a un gobierno que arrastra muchas sombras.

Sobre los resultados electorales venezolanos fueron premonitorios.  El director de inteligencia nacional de Estados Unidos, James Clapper, y  el jefe del Comando Sur del Pentágono, general John Kelly, dijeron que Henrique Capriles no ganaría. Lo saben a fuerza de fracasos de las operaciones encubiertas frustradas; de golpes bajos económicos y mediáticos. Sigue oliendo a azufre, reiteraría Hugo Chávez. Es vital recordarlo. Se utiliza a la oposición venezolana como cabeza visible de intenciones dramáticas: destruir el modelo alternativo alejado del neoliberalismo y extendiéndose por los confines del continente.

El ejemplo dejó de ser excepción dándole magnitudes palpables a la reducción de la pobreza,  a las expectativas enterradas durante siglos.  Afloran los invisibles y crecen.  Se les oye hasta en la Europa acorralada por la crisis. Para acallarlos los titulares trucados intentan revertir resultados electorales. Tanta democracia participativa es inoportuna y por ello, fraudulenta  si la sostienen ahora mayorías que fueron abandonadas;  olvidadas de la mano de Dios.

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