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Soler y Aguirre

Berta Soler –dama de blanco catapultada a líder- visita España enfundada en su hábito diseñado para denostar hasta de los servicios sanitarios cubanos, reconocidos por doquier como un modélico empeño humanitario  a favor de su pueblo y muchos otros, esparcidos por los rincones más empobrecidos de este mundo. Del acceso integral y gratuito a la asistencia médica, Soler desliza  que a  los hospitales en la isla “los familiares tienen que llevar comida, sábanas y productos de aseo”.  Son carencias que nadie desea pero de ninguna manera menoscaban la atención en los centros de salud primaria y especializada donde sus profesionales se sobreponen a ellas en Cuba o en las misiones internacionales que suelen cumplir. Pero la dama insiste en hablar exclusivamente de lo otro en esta España sacudida por muchas mareas, entre ellas la blanca; opuesta a los recortes, a las privatizaciones que sí lesionan el acceso a la salud, a un derecho universal gubernamentalmente prohibido a quien no porte un carnet de residente porque sin él no se es persona.

Esperanza Aguirre, ex presidenta de la comunidad de Madrid y dedicada por entero al fichaje o a dejarse fichar según se mire, se entrega a una puesta en escena en la madrileña Casa América.  Protagoniza otra de sus presentaciones mediáticas.  Carga contra Cuba a través de la cambiante versión de Ángel Carromero, condenado por su responsabilidad en el accidente que causó la muerte de los opositores Oswaldo Payá y Harold Cepero. En los últimos días Carromero contradice sus declaraciones ante los tribunales cubanos para aliarse a la versión tendenciosa sobre un supuesto vehículo oficial que embistió y desapareció.  Con lo dicho Esperanza Aguirre alienta la creación de una investigación internacional y de hecho menosprecia la actuación de su gobierno que ha reiterado “no tener ninguna evidencia de que las cosas no ocurrieran como dijo el propio Carromero en el juicio”.

Las dos damas al loro de las políticas financiadas contra Cuba se juntan,  apuntalan sus respectivos discursos sobre faltas de libertades en la isla sin deparar en las decisiones mayoritarias de su pueblo. Las han interrumpido voces airadas que denunciaban la manipulación mientras las redes sociales multiplicaban los mensajes sobre el drama social de la España conmocionada por un régimen corrupto.

En el peor momento de la política española los vínculos con disidentes cubanos despiertan la sospecha ciudadana. Hay quienes se preguntan que persiguen realmente esos líderes carentes de ejemplaridad  cuando pretenden dar lecciones sobre derechos, libertades y justicia.

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