yoani-sanchez-redes

Sobre la disidencia en Cuba hasta sus patrocinadores han escrito que es mezquina y que esta centrada en el  interés medular  de buscar “fuentes” de financiamiento por encima del empeño que se le ha encomendado: derrocar al gobierno de la isla.

La definición circula  desde hace varios años dentro de las instituciones oficiales norteamericanas a partir de los informes de la SINA, Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, entre los tantos papeles revelados por Wikileaks y que engrosan las pruebas documentales sobre la prefabricación de elementos desafectos instruidos en los planes de desestabilización contra Cuba de las administraciones norteamericanas.

La persecución del dinero mantiene fragmentada a la disidencia por deseo propio. Su falta de disposición al sacrificio en aras de la causa que supuestamente profesa incentiva el arribismo, hacerse notar en las demostraciones callejeras con fines mediáticos ajenas al interés de la sociedad cubana. Pese a los recursos que les cae no ha conectado con la ciudadanía negada a secundar los roles de un guión creado bajo mandato externo.

Sin discurso creíble ni membresía creciente el negocio de la oposición en Cuba manifiesta su estancamiento paseando gladiolos mustios hasta los oficios religiosos.  Tampoco allí se logran purificar los pecados capitales de quienes en parques habaneros discuten cómo es la repartición de estipendios por los servicios prestados a unos jefes descontentos en sus despachos de la SINA y que dan rienda suelta a su fracaso en los escritos secretos: “Tendremos que buscar en otra parte”.

La búsqueda solo ha reproducido el artificio. Adiestraron a Yoani Sánchez, una especie de voz por cuenta ajena que desde la comodidad del teletrabajo  ha sido encumbrada a figura internacional. Escribiendo en su blog la remuneración entre premios e incentivos se ha ido inflando hasta los 500 mil euros en cuatro años según diversas fuentes. La cuenta en sí y no la bloguera es una especie de paradigma para émulos que se han apuntado a la carrera tan bien pagada de francotiradores mediáticos contra Cuba donde las dificultades compartidas por sus habitantes son reconocidas y el esfuerzo colectivo para erradicarlas es cotidiano.

Lo único revelador en los escritos de Sánchez es su desequilibrado posicionamiento. El período revolucionario ha sido tan malo que añora al régimen de Batista. Entonces, dice Yoani Sánchez,  “había una libertad de prensa plural y abierta”.

Con esas ideas realiza una gira por diversos países. Aunque sus diatribas no encuentran respaldo en la población cubana sirven de coartada a Estados Unidos para imponer el repudiado bloqueo y a la Unión Europea para intentar justificar la Posición Común, también enfilada contra la isla. A la injerencia de esas políticas se presta la mayoría de los opositores  si oportunamente llegan las prebendas que persiguen al enrolarse en grupos rechazados a escala social  por su condición de detractores sin legitimidad.

Anuncios