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Es una cifra desoladora: casi seis millones de parados en España; casi dos millones de familias con todos sus integrantes sin empleo. La tasa es del 26%, la más alta de la historia y supera los pronósticos. En los números no esta la masa de ciudadanos que han escapado del país, que han emigrado o que por decepción no están inscriptos en los servicios públicos de búsqueda de trabajo. La reforma laboral impuesta por el gobierno de Mariano Rajoy ha precipitado el desempleo y se lo ha puesto fácil a los empresarios al abaratarles el despido. Y aún más: peligra el futuro de la nación cuando el 55% de los no asalariados son jóvenes.

Tampoco se dan las circunstancias para crear empleo en España por una economía en bancarrota. Miente el ministro de economía, Luis de Guindos, al proclamar que el país ha tocado fondo y mienten quienes junto a Mariano Rajoy declaran que hay razones para creer en una recuperación a la vista.

La sociedad se pregunta que dirá ahora el presidente español. Ya no puede escudarse en la herencia recibida porque los datos actuales son demoledores en relación con el gobierno anterior. El consumo se ha desplomado por la caída del nivel adquisitivo y el incremento de los impuestos. Se ha disparado la quiebra de la pequeña empresa. Los autónomos continúan asfixiados. Con semejante drama social por los recortes impuestos desde el imperio financiero, el gobierno ha perdido su credibilidad.

Un comunicado de los sindicatos denuncia unas prácticas que  se están traduciendo en un reparto desequilibrado de los esfuerzos entre la ciudadanía, afectando de manera muy especial a la parte más débil de la población. Exigen que “es imprescindible adoptar otras políticas”.  El documento de la CCOO subraya “No tenemos más tiempo si queremos frenar esta sangría de desempleo, que ha vuelto a recrudecerse en este último año”, y agrega “la exigencia de la austeridad fiscal, la insuficiente política de financiación de la deuda, el bloqueo del crédito que se sigue manteniendo, son los principales causantes del deterioro económico y social en el que nos encontramos”.

El empobrecimiento y la corrupción en España recrudecen el panorama de un país sin perspectivas inmediatas y que asiste a la caída de sus pilares económicos, políticos y morales.

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