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Cuba ha sufrido una crisis económica profunda y permanente en los últimos 20 años y no se puede esperar que la cantidad de problemas acumulados desde entonces se resuelvan en poco tiempo, alertó el profesor e investigador Ricardo Torres, del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Quien juzgue por ese camino el éxito o no de los “Lineamientos de la política económica y social” del gobernante Partido Comunista de Cuba y la Revolución, virtual hoja de ruta para la actualización del modelo impulsada por el presidente Raúl Castro, “nada conoce de ciencias sociales y está enviando una señal errónea”, dijo Torres en entrevista con IPS.

IPS: ¿El ritmo de las reformas es lento solo por decisión gubernamental o también obedece a factores internos y externos?

Ricardo Torres: No estoy totalmente de acuerdo con ese criterio de que el ritmo de los cambios es lento. Depende de la óptica con que se mire el proceso.

Si entendemos todo lo que se deriva de los “Lineamientos” del Partido y la Revolución como un proceso de cambio social, hay que recordar que estos tienen menos de dos años de vida, lo cual no es mucho en estos casos.

Si se juzga respecto de las necesidades y las aspiraciones de la gran mayoría del pueblo cubano, incluso diría del gobierno, entonces sí puede que sea lento. Hay elementos del proceso interno que retrasan enormemente los cambios y el primero de todos es la inexperiencia ante lo inédito de las transformaciones.

IPS: ¿Qué otros factores internos frenan los cambios?

RT: Se ha dicho muchas veces, pero no está de más repetirlo. La mente de las personas es lo más difícil de cambiar y, si han hecho algo de determinada manera durante 50 años, no es fácil que acepten hacerlo de modo diferente en poco tiempo. Incluso en algunos casos ya será imposible el aprendizaje ante lo nuevo.

También hay un problema de intereses. Los cambios afectan a determinados grupos y sectores de la población y, por tanto, se van a oponer, utilizando los recursos que estén a su alcance para impedirlos o, al menos, para dilatar o entorpecer su avance. Es una reacción natural de protección de toda persona ante aquello que lo puede afectar.

IPS: ¿También influye el contexto externo? ¿En qué sentido?

RT: Desde el punto de vista internacional hay muchos aspectos que retrasan las transformaciones en Cuba. El primero de todos es la política exterior de Estados Unidos, que no ayuda al pueblo cubano, porque está basada en el falso supuesto de que lo único bueno y positivo para este país es un cambio de régimen tal cual lo entienden ellos.

Ese supuesto es válido para Washington, pero no para la vida del pueblo cubano. Este país tiene que cambiar todo lo que debe cambiar, pero lo va hacer en su propio interés y para beneficio de la sociedad, no porque un gobierno extranjero piense que es importante para nosotros hacer esto o aquello.

Tal como está diseñada actualmente, esa política (estadounidense) no favorece para nada este proceso de transformaciones que vive la isla y crea resistencia en determinados sectores del gobierno y de la población. Además, obstaculiza el desarrollo económico y social, porque deja a Cuba en desventaja para competir en el mercado internacional.

IPS: ¿Estamos hablando del embargo?

RT: No soy político, sino economista, y responsablemente le digo que el bloqueo estadounidense tiene un efecto adverso sobre la economía y la sociedad cubana, imposible de desconocer.

Cada año cuesta dinero y también calidad de vida para el pueblo cubano.

Lo que no podemos decir es que todos los problemas de Cuba se deban al bloqueo económico de Estados Unidos. Ni el bloqueo es responsable de todas las malas decisiones que hemos tomado en estos 50 años en algunos ámbitos.

IPS: La situación es difícil para la población cubana, muchas personas se declaran pesimistas y no ven luz al final del túnel. ¿Cómo se puede mantener el consenso en tales circunstancias?

RT: Yo le veo salida y esta es una opinión muy personal. Para nosotros es clave ser audaces y creativos. Puede darse el caso de que nos veamos encerrados en un círculo vicioso que obligue a tomar una medida inesperada y radical, que aparentemente rompa el consenso. Si es de interés a largo plazo para el país, habrá que hacerlo y explicarlo.

Estoy pensando en la relación con Estados Unidos, en la actitud hacia la empresa privada, en la descentralización efectiva y real de la toma de decisiones, en la manera en que a veces se coordinan o se rigen las relaciones económicas del país o las internacionales, en general. Todo eso requiere un cambio de mentalidad importante.

IPS: ¿Considera usted que Cuba tiene condiciones para el desarrollo?

RT: Claro que sí, para crecer y desarrollarse. Lo que hace falta es estrategia, visión de futuro y romper con muchos dogmas que siempre están presentes en la mayoría de los casos.

IPS: ¿Diría usted que para ese empeño existe voluntad política?

RT: Sí, yo creo que la hay y también existe una aspiración legítima de todo el pueblo cubano. Prueba de la voluntad política es que hoy se observa una nueva visión, más pragmática, más ajustada a la realidad, que es más flexible a la hora de tomar decisiones y tiene más en cuenta las condiciones reales de la isla.

Por otra parte, la academia está teniendo un rol más importante en la toma de decisiones. Yo creo que esa es una feliz iniciativa de este proceso de transformaciones. Por supuesto, no siempre estamos conformes con el nivel de participación que tenemos y queremos más.

Si nos dedicamos a tiempo completo a investigar determinados temas relevantes para Cuba, queremos que se aproveche ese conocimiento, porque en definitiva nuestro interés como economistas, entiendo yo de la mayoría, es que nuestro país progrese y que todos sus habitantes puedan llevar una vida más cómoda y plena.

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