La denuncia de trabajadores de El País saca a la luz prácticas  internas de sus máximos directivos sobre las formas al gestionar el periódico o dirimir diferencias con el colectivo. Bajo chantaje sus corresponsales en el exterior firman hoy en el que se dice es el buque insignia del Grupo Prisa y de los medios escritos españoles.

 Un comunicado de los periodistas y la plantilla evidencia las que se gastan Juan Luis Cebrián, presidente de Prisa, y Javier Moreno, director del rotativo, quien enfrenta la probable denuncia de los representantes del sindicato por acoso laboral. Ha sido Moreno la cara que ha presionado a sus propios profesionales con cerrarles las corresponsalías y mandarles de vuelta a España si secundan la huelga de firmas. Los redactores en Madrid resistieron tales presiones y no firman sus escritos en la edición de hoy. Se estudian las posibilidades legales de canalizar una denuncia que trasciende en medios españoles y redes sociales.

Amparándose en la reciente reforma laboral Cebrián anunció la salida de 148 periodistas, un 30% de los trabajadores. Les aplica las condiciones que le puso en bandeja el gobierno del PP: 20 días por año trabajado y un máximo de 12 meses para eliminar más de 100 puestos de trabajo y prejubilar a 21 redactores por ser mayores de 59 años. A pesar de sus 67 Juan Luis Cebrián se mantendrá en lo suyo.

El presidente del Grupo Prisa también ha decretado una bajada de sueldo que no le incluye. Su salario anual promedio es de unos ocho millones de euros y en el cercano 2011 llegó a ganar 13 millones a golpe de incentivos.

El comunicado público en el que se reprueba la mala gestión del presidente, expone las razones encubiertas al decretar el Expediente de Regulación de Empleo (ERE): “La causa no es la gravedad de la crisis ni la bajada de ingresos. EL PAÍS no tiene pérdidas. Necesita entregar nuestras cabezas a don Nicolás Berggruen, el financiero al que ha malvendido el control de la empresa. A cambio, está recibiendo uno de los sueldos más elevados de todos los directivos europeos”.

La crudeza con que se desvela este ejercicio de manipulación desde el poder financiero  no sorprende. Es un ejemplo más del entramado que impone titulares,  enfoques y hasta  articulistas. El descalabro de la credibilidad de El País va a más  desde que  se alineó a la praxis del monopolio. La pericia con que desgobiernan, atacan y traicionan es el pan de cada día en esta España maltrecha también por la complicidad de quienes cocinan en El País.

Anuncios