Bajo el auspicio de una publicación católica, intelectuales de varias  generaciones y distintas tendencias debatieron una agenda de  reforma política para Cuba, en un acontecimiento poco común en la isla,  pero que refleja una creciente discusión sobre la vida pública.El cambio en Cuba no se puede limitar al ámbito económico, dijo el académico y ex diplomático Carlos Alzugaray. En el terreno político es inevitable, va a pasar de una forma u otra. El punto de partida fue la colección de ensayos Por un consenso para la democracia, que incluye una insólita polémica entre el católico Roberto Veiga y el  marxista Julio César Guanche sobre el sistema político cubano. Publicar juntas las dos posturas, sin insultos ni descalificaciones, resulta excepcional en Cuba, expuso el profesor universitario Hiram Hernández. La socióloga Mayra Espina consideró que ese ejercicio cierra la era de ángeles y demonios y abre un nuevo momento de los debates en el país. Los textos aparecieron en los últimos dos años en la revista católica Espacio Laical, que para presentar la obra reunida convocó a una discusión abierta en el Centro Cultural Félix Varela (antiguo seminario). En la sesión, a la que asistió cerca de un centenar de personas, el  opositor Reinaldo Escobar pidió que este círculo de discusiones se abra a otras corrientes. El abogado y bioquímico Dmitri Prieto hizo notar que  en el intercambio de opiniones aún hay un gran ausente: el mundo de la vida popular. En la obra y en el debate que siguió a su presentación emergieron  temas álgidos del sistema político cubano, como el partido único, el  pluripartidismo, el sistema electoral, el ejercicio del poder, la  elección y los atributos del jefe de Estado, las organizaciones  sociales, los derechos ciudadanos y la Constitución de 1976, reformada  en 1992. En los textos y en la discusión a viva voz se dibujó un amplio arco  de opiniones, incluso algunas que en medios oficiales suelen llevar, al  menos, a una irritada descalificación. En la introducción al texto, el vice editor de Espacio Laical, Lenier González, expuso que esa revista, junto con la Red Protagónica  Observatorio Crítico y el proyecto Estado de SATS, son tres nuevas  plataformas de debate en el país, que representan al catolicismo, al  marxismo y al liberalismo, respectivamente. Añadió que muchos de los participantes en esos círculos tuvieron su  formación política e intelectual en “otro de los más importantes foros  de debate en la isla: la revista Temas”.

En sus ensayos, Veiga y Guanche disputan sobre democracia y socialismo y el futuro político de Cuba. El primero, abogado y editor de Espacio Laical, reconoce la legitimidad de muchos fundamentos socialistas sobre la justicia, pero cree imposible pretender que el ideal de justicia de una sociedad sea el criterio  particular de una ideología, por muy sabia y positiva que sea. La vida,  la verdad, son muy ricas y poseen todo un universo plural. Nos guste o no, añade Veiga, tarde o temprano Cuba deberá  integrarse plenamente a los mecanismos mundiales, los mismos que dan  vida a una arquitectura global de tipo capitalista, pues si no asumimos  este desafío podríamos llegar a vivir en la más espantosa miseria. Alega que de ahí viene su inquietud por la falta de canales democráticos para procesar las demandas de justicia e igualdad. Guanche, también abogado y profesor de la Universidad de La Habana, replica que la democracia sirve hasta hoy como mecanismo de legitimación de un tipo particular de acumulación: la de capital, en una forma en la cual se subordina la democracia a una ideología estrictamente mercantil y restringe la  comprensión sobre los derechos humanos. Por todo ello, la democracia  necesita al socialismo. Añade que el fracaso del socialismo real y del capitalismo  redefinen los términos del debate: el socialismo es la democracia. Para  ello, los derechos formales son tan básicos como los materiales; los  derechos son totales o no son. El socialismo en el siglo XXI, para poder ser la alternativa a la amenaza global que vivimos, ha de ser la  afirmación simultánea de ambos. El pan y la libertad o se salvan juntos o se condenan los dos. Ambos se reconocen sus mutuas aportaciones y discuten también sobre  la Constitución. Veiga resalta principios doctrinales del artículo  primero (libertad política, justicia social, bienestar individual y  colectivo, solidaridad humana), pero dice que aún no se reflejan en la  práctica cubana. Guanche apunta que el principal problema de la norma es la falta de mecanismos para proteger al sistema institucional y para la realización más efectiva de los derechos individuales ya establecidos. En el texto también hay un ensayo sobre la Constitución del vicario  de la Iglesia Católica Carlos Manuel de Céspedes, descendiente del  homónimo héroe insurgente, así como un debate sobre el mismo tema y otro sobre la reforma al Partido Comunista de Cuba.
Fuente: Gerardo Arreola, periódico La Jornada.
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